Expectativas inflacionarias
Por Alfredo Zaiat
La cuestión de los precios ha superado el entretenido debate entre abordajes ortodoxos o heterodoxos, para ubicarse en la categoría de la economía de lo insólito. En los últimos años, en esa exploración intelectual, economistas inquietos han ampliado el estudio de la ciencia a otras áreas, como la biología, la psicología, la física y hasta la vinculación con la conducta del comportamiento humano en relación al sexo, el crimen, la obesidad y hasta con la felicidad. El problema del deslizamiento al alza de los precios, la intervención violenta del Indec y las sorprendentes declaraciones de importantes funcionarios han ingresado en una zona desconocida, que excede la capacidad de análisis que ofrecen las herramientas tradicionales de la economía y hasta de su reciente extensión a otras ciencias. A esta altura, la estrategia oficial con los precios se ha ganado un extraño espacio de investigación para la economía de lo insólito.
El Gobierno se queja por las críticas que recibe frente a la destrucción de la credibilidad del Indec y a la difusión de fuerte aumentos puntuales de ciertos bienes, como los de la papa o del tomate, porque generan expectativas inflacionarias. Lo más sorprendente, o en la línea del análisis de lo insólito, es que la propia política oficial es la que alimenta las expectativas inflacionaria al alza. Cuando se empieza a manipular con grosería el Indice de Precios al Consumidor, para luego también retocar con torpeza el IPC Nacional, la economía se queda sin una referencia confiable, aunque sea un indicador cuestionable por su metodología. Entonces, los diversos agentes (empresas y sindicatos) ajustan precios por prevención porque no tiene un ancla aceptada socialmente, gatillando una dinámica inquietante. En ese proceso, existen especuladores y aprovechadores de esa confusión pero que pueden desarrollar su labor, precisamente, porque desapareció un índice de precios convalidado por la mayoría.
Si a ese cuadro ya de por si perturbador se le suman las declaraciones de funcionarios que niegan el problema, el caso asume la categoría de inexplicable con mínimos criterios de racionalidad. Plantear cuestiones de teoría económica respecto a la definición de inflación, que los manuales indica como "suba generalizada de precios", para sostener que no existe y así desacreditar las críticas por la manipulación en el Indec resulta insólito. Tan insólito que de esa manera es el propio gobierno que no deja pasar una semana para alimentar la temida expectativa inflacionaria.