¿No es, acaso, una idea atractiva vincular el vencimiento de las obligaciones financieras de un deudor (sea éste una firma, una familia o, incluso, un país) al momento del ciclo económico en que ese deudor goza de mayores ingresos, y aliviar sus compromisos cuando sus recursos se resienten? Detrás de esta simple intuición tendió a estructurarse el diseño de los bonos de deuda vinculados a la evolución del PIB que Argentina entregó a los acreedores que decidieron ingresar a la operación de canje instrumentada a inicios de 2005, aceptando los términos propuestos de reestructuración de su deuda soberana. Como recién se indicó, la intuición detrás del instrumento financiero propuesto es sencilla (“que el deudor pague más cuando le va bien y suavice sus compromisos en los momentos de dificultades”); como se verá enseguida y asevera el dicho, el “diablo suele estar en los detalles”.
